Mishiguene, el restaurant de Tomás Kalika, le da una vuelta de rosca a la memoria emotiva y presenta una propuesta diferente de las recetas de la bobe.

Es una cita obligada en el circuito gastronómico de Buenos Aires con un ambiente más informal: un clima de fiesta en continuado, una barra a la entrada para disfrutar un cóctel si hay espera, cocina a la vista, música klezmer y mucha personalidad. Con técnicas actuales, la carta del Mishiguene propone un menú donde lo folklórico se combina con lo religioso, transgrediendo algo tan sagrado como las recetas tradicionales judías que se traspasan de padres a hijos a lo largo del tiempo sin que se modifiquen. “En Mishiguene discutimos con esa memoria emotiva y te hacemos una propuesta distinta”. Quién nos relata eso es Tomás Kalika, chef y uno de los mentores del éxito que es hoy Mishiguene, que recientemente fue elegido en el Chef’s Choice Award -por 252 expertos mundiales- como uno de los 50 mejores de América Latina.

Kalika ideó Mishiguene con Javier Ickowick (el fundador de la cadena de pastelería Nucha). “Es el primer restaurante de cocina de vanguardia judía, el resto son Delis y lugares en los que la experiencia es más informal. La gastronomía judía no es únicamente un boio o unos knishes de papa, sino que va más allá, o puntualmente acá en Argentina se resume en platos ashkenazis y sefaradíes. Nosotros lo cuestionamos y decimos que es algo más amplio, de ahí el nombre (Mishiguene, en idish, significa ‘Loquito lindo’), porque la vanguardia está en meternos con la memoria emotiva de la gente y proponer una experiencia nueva sobre algo que ya conocen”, explica Tomás. La diferencia tiene que ver con el abordaje técnico. Creo que los platos reflejan la personalidad de quien te recibe para comer. Y mi cocina es una cocina muy particular. Con sabores potentes, alegres, enérgicos”, comenta Kalika.

Yendo a nuestra experiencia, la fiesta de sabores empezó con la llegada de la panera y sus bagels y pan pita para untar con mostaza y acompañar con pepinos encurtidos. Para plato principal elegimos el el babaganush, presentado con la berenjena entera, ahumada y sublimada por especias y salsa tahine, probamos el pastrón (pero reversionado, claro!) y el hummus, de un color violeta asombroso.

Mishiguene vino a ocupar un espacio que estaba libre en Buenos Aires: el de la cocina judía contemporánea, y lo hace con creces. Para recomendar.

Lafinur 3368. Palermo, Buenos Aires

Tel.: +54 11 396 90764

www.mishiguene.com