Por Guido Buenvecino

Desde el día 14 de Junio de este año y hasta la fecha de cierre de edición, transcurre el Mundial de la FIFA de Fútbol en la lejana Rusia. A continuación comentaremos nuestra experiencia en la exótica y fría tierra de los Zar, el goulash y el Vodka.

En Rusia, y particularmente en Moscú, San Petersburgo, Kazan y Ekaterinburgo entre otras ciudades sedes donde se disputa la copa del mundo, la primer sorpresa que nos llevamos fue la majestuosidad y lo gigantesco de las construcciones que que datan de épocas anteriores a la revolución rusa. El predominio del color dorado hace que todas las cúpulas, las estatuas y los monumentos de época golpeen a la vista tan duro como el martillo de hierro de Rasputín. Los detalles y la ostentación, son la clave de todo el renovado centro de Moscú, zona que se vistió con los colores de los países de todo el mundo.

Vivimos infinidad de curiosidades. Una de las que más recordamos, fue la notoria diferencia entre aquellas personas de nacionalidad Rusa, y quienes eramos argentinos. Y no estamos hablando únicamente de los colores que visten nuestras selecciones y aquellos que nos caracterizan (es gente alta, de tez bien clara y los rasgos de los eslavos angulosos de ojos claros y pura belleza estética), sino que también por la forma de tratarnos ya sea que somos parte de un grupo o es la primera vez que nos encontramos: en ellos predomina lo sombrío, el frío emocional, y la eficiencia, mientras que en la cultura latina sentimos más que nunca la cercanía, la efusividad y la pasión por sobre todas las cosas.

Esto generó un ambiente de festividad amistosa increíble, una experiencia que no olvidaremos y que simplemente incrementó la belleza de este país. De esta manera nos pudimos insertar en una cultura muy ajena a la nuestra, con un sinfín de particularidades de las cuales pudimos nutrirnos también, apreciando al mismo tiempo la gran amabilidad que recibimos. Un país diferente, con costumbres desconocidas, y un trato cordial que recordaremos siempre.

EL CAMINO DE ARGENTINA EN RUSIA

La selección llegó a este campeonato con muchísimas más dudas que certezas, pero el hecho de tener una historia de éxitos, jugadores de la élite absoluta, y al mejor jugador del mundo, siempre hacían que la gente estuviera esperanzada con aquella esquiva tercera estrella. La selección se ubicó en la ciudad de Bronnitsy, a escasos kilómetros de Moscú, y comenzó su camino por el Mundial.

El primer partido fue en el estadio del Spartak de Moscú, ante Islandia y fue el partido que, junto con la final, agotó sus localidades el primer día que salió a la venta. Esta multitud generó un marco impresionante y fuimos parte de la ruidosa hinchada de ambos países, pues no es ningún secreto que la de aquella pequeña nación es fervorosa y saben como alentar a los suyos. No obstante, nuestros representantes mostraron que la selección poco había cambiado y con un pálido partido de todos los jugadores albicelestes (incluido el penal errado por Lionel Messi), Argentina empató en 1 gol por lado.

La siguiente parada fue en Nizhni Novgorod ante la dura Croacia que había vencido a Nigeria en su primer encuentro y venía con viento soplándole por la espalda a cruzarse con el rival que a priori sería el más difícil del grupo. Desafortunadamente para los comandados por Jorge Sampaoli, no hubo equivalencias, en especial en el segundo tiempo donde una calamidad de Wilfredo Caballero hizo que la Argentina mostrara, como se dice en Boxeo, “Mandíbula de Cristal”. Un error llevó a la debacle total. Fue 0-3: las caras de los propios jugadores y las lágrimas de aquellos que habíamos viajado casi 15.000 kilómetros a alentar a nuestros jugadores, decían todo sin necesidad de emplear palabras.

El tercer partido del grupo ante Nigeria era ganar o armar las valijas, y si bien no se mostró un fútbol agradable, vistoso y entretenido, la cara de este equipo fue claramente distinta. De la mano del mejor jugador del planeta, quien en un movimiento hizo un gol para recordar, y con la patriada de Marcos Rojo, el milagro se dio y Argentina estaba en octavos de final. Fue un momento de mucha euforia y alegría en el cual nos dimos cuenta que si, que los milagros existían y que muchas veces sin merecerlo, estamos destinados a cosas grandes porque somos Argentina y eso sólo es suficiente para ser los mejores…

Probablemente desde el momento en el que sonó la Marsellesa en Kazan, o quizás unos momentos más adelante, ya nos dimos cuenta de que todo esto no era cierto.

Francia fue superior a Argentina en todas las líneas, y verdaderamente pareció demasiado premio anotarle tres goles a Francia o incluso clasificar si quiera para esa instancia. Kylian Mbappe le dio a Argentina una clase de contragolpe y todo había terminado. Habíamos quedado fuera de la copa del mundo.

Estamos ahora pensando si verdaderamente este fue el último mundial de Messi que llegará con 35 años a Qatar 2022 y probablemente no en la mejor de sus capacidades. Lo que es seguro es que Rusia 2018 marcó el final de una generación que participó de tres finales sin obtener ningún título, y dado este resultado, una renovación es necesaria.