EN ÉPERNAY, EN PLENA REGIÓN DE CHAMPAGNE-ARDENNE, Y SOBRE LA AVENUE DE CHAMPAGNE SE ENCUENTRA DESDE 1743 LA MAISON MOET & CHANDON. ALLÍ FUIMOS, DONDE DOM PERIGNON Y CON MUCHA RAZÓN, TIENE SU PROPIA ESTATUA.

Salimos bien temprano desde París y en poco más de una hora, cuando de a poco van apareciendo los viñedos, llegamos a la región de Champagne, justo donde hace muchos años, un monje llamado Dom Perignon puso a esta región en el mapa gracias a su gran descubrimiento.

Viñedos y pueblecitos con aire medieval van apareciendo hasta llegar a Épernay, la capital mundial del Champagne.
Allí no tuvimos problemas en encontrar la “Avenue de Champagne”, la arteria donde se encuentran las principales marcas establecidas en esta pequeña ciudad.

Ya en la entrada, la Maison Moët & Chandon nos recibe con la estatua que homenajea a Dom Perignon y también le da nombre a su más reconocido Champagne.

Con un edificio de al menos una manzana, Moët agrupa allí oficinas, wine boutique, visitas y degustaciones. En sus cavas y galerías subterráneas los túneles que la recorren se extienden en 28 kilómetros, algo así como una ciudad subterránea. Apenas uno entra en el edificio, en sus muros lucen los retratos familiares de la familia Moët, desde su mentor Claude Moët -quien en 1743 funda la bodega- a sus hijos y futuras generaciones.

Bajando las escaleras hacia las galerías, baja la intensidad lumínica y la temperatura; allí se percibe un clima único, en un gran silencio descansan las botellas de champagne de las colección privada de la familia y botellas que llevan ahí décadas.

Luego del recorrido por los túneles, de conocer un poco la historia, la elaboración y el desarrollo a través de las épocas de Moët & Chandon, pasamos a la exclusiva degustación que Anne- Sophie, la directora de visitas y recepciones nos había preparado. En un clásico salón de estilo luis XV, degustaremos los Moët & Chandon Grand Vintage de la cosecha 2006, una de las mejores que se recuerde en los últimos años.

“Los vintage (botellas que llevan la fecha de cosecha) salen sólo cuando las uvas son excepcionales, por lo cual no se encuentran de todas las añadas; esto está muy ligado al clima, a los años de mejores condiciones para las uvas”, nos cuenta Anne-Sophie antes de servir el primero de ellos.

La primer versión que probamos es la tradicional compuesta por uvas Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Color dorado intenso con mínimas y finas burbujas, aromas frutales (melocotón, mango, plátano) seguido de notas de especias (pimienta) y minerales que dan paso a notas florales y botánicas. Sublime, robusto e increible.

Acto seguido y para poder lograr una comparativa, recordando el que acabábamos de probar pasamos al Gran Vintage Rosé 2006, una grata sorpresa. Compuesto por Pinot Noir (del cual la mitad es vino tinto), Chardonnay y Pinot Meunier esta joya fue mucho más gustoso, intenso y refinado que su hermano de añada. A unas notas iniciales de galleta y pan de especias le preceden aromas de cereza y ciruela enriquecidas por matices de hierbas silvestres, romero, azafrán y pétalos de rosas secas; esto sumado a un final salino, hacen de este champagne un poderoso, amplio y elegante vino.

Estos dos Grand Vintage representan la encarnación perfecta del singular espíritu Moët & Chandon Grand Vintage basado en tres valores esenciales: Libertad de interpretación, Selección de los vinos más destacados del año y respeto a la individualidad de cada cosecha que permita así apreciar un vino lujosamente madurado, complejo y carismático con una personalidad inconfundible.

Salimos al jardín que se ofrecía al final del salón, donde la gente se distendía y seguía degustando su copa de Champagne y pudimos contemplar un árbol de Sephora, que fue bautizado como “Árbol de Los Tres Emperadores”, porque el 21 de marzo de 1814, Francisco II de Austria, el zar de todas las Rusias, Alejandro 1o, el gran duque Nicolás, el rey de Prusia, el príncipe de Orange, futuro rey de Holanda el Príncipe Metternich y el Duque de Wellington (todos miembros de la realeza más poderosa de Europa) se sentaron bajo el árbol y con vasos de champán junto a Jean-Rémy Moët.

Jean-Rémy Moët era el alcalde de Épernay y fue quien hizo a la región de Champagne y a su champagne, famosos en el mundo entero.

Como frutilla del postre, acabamos nuestra visita en la excepcional wine boutique que la marca tiene en la entrada, donde se puede adquirir cualquiera de las líneas de champagne y accesorios para su disfrute: toallas, fraperas, estuches, y todo el universo de merchandising imaginable, en un entorno de lujo con impecable buen gusto.

Moët & Chandon es sin dudas un lugar emblemático de Épernay y una de las casas de champagne más afamadas del mundo. Visita obligada a un paso de París. Una visita única como para no dejarla pasar.

Champagne Moët & Chandon

20 avenue de Champagne 51200 Epernay

www.Moët.fr

visites@Moët.fr