El agua es un elemento extraño en el paisaje marroquí, una joya siniestra, un deseo líquido que se evapora al tocarlo. “El día que me case va a llover en el Sahara”, solía decir el novio, un poco en broma, un poco en serio.

“Estaba todo organizado: el campamento de lujo, los testigos, familiares, amigos y algunos clientes que tuvieron el privilegio de asistir a una ceremonia bereber para dos argentinos. El sol se escondía y todavía faltaban los músicos y la casamentera. Todos empezamos a preocuparnos pero por suerte el vino todavía abundaba y nos dispusimos a ver una puesta de sol bien africana. A lo lejos apareció una Defender Land Rover un tanto desalineada de la que descendieron 5 músicos con sus instrumentos y una mujer con un bolso gigante. El conductor se puso a armar lo que parecía un escenario mientras la mujer pidió reunirse con la novia. Con nuestro guía Omar como intérprete, las dos comenzaron a charlar sobre los detalles del ritual bereber. Lo primero que le preguntó fue: ¿dónde están tus vestidos? Pensando que se trataba de un error de traducción del singular al plural, la novia fue corriendo en busca del vestido que tanto tiempo le había llevado conseguir. La casamentera lo miró y preguntó: ¿y el resto? En las ceremonias bereberes es usual que se hagan hasta 7 cambios de ropa y adornos. Esta era la primer novedad que nos depararía la noche. La mujer que oficiaba de jueza comenzó a sacar de su bolso varios vestidos que felizmente le ofreció a todas las mujeres presentes. Cambiadas al estilo marroquí ya estabamos listas para que comience el show! En el medio de la ceremonia, reunidos todos alrededor del fuego, comenzamos a sentir algunas gotitas. “En 40 años, nunca habíamos visto llover así”, nos diría nuestro guía Omar. Paradójicamente, la añorada agua que nunca cae en el desierto, apareció para cumplir la profecía del novio. Ese día diluvió en el Sahara…”

Sofía Cammarata – Piloto 4×4 Off Road

La Organización Off Road ahora se propone otra hazaña: cruzar parte del desierto del Sahara cerca de la frontera con Argelia, de Zagora a Merzouga. “Van a ser los dos días más intensos de la travesía, poca gente se anima a hacer ese cruce” sostienen. Y nosotros, sin dudas, pensamos sumarnos.

La travesía comienza en Marrakech, recorriendo una de las plazas más alocadas y concurridas del Norte de África. Encantadores de serpientes, narradores de cuentos y bailarines hacen que se vuelva encantadora por la mañana y absolutamente mágica a la noche. Luego nos subimos a nuestras camionetas 4×4 y nos aventuramos a atravesar la cadena del Atlas hasta sentir en la cara el aliento sofocante del Sahara. Nuestra puerta de ingreso será Zagora, y a partir de este momento vamos a tener dos intensos días por un camino inaccesible para el turismo convencional. Tendremos el privilegio de manejar en el desierto más grande del mundo y dejar nuestra propia huella en las míticas rutas del Dakar. Siempre estaremos acompañados por el equipo de pilotos oficiales de Jeep que nos darán una clínica de conducción en arena, uno de los higlights del viaje.

Continuando por pistas off road hacia la ciudad de Merzouga, haremos una parada en el pueblo de Khamlia, donde sus habitantes, al ritmo de la música “Gnaua”, bailan y ofrecen un té a los visitantes. Nos sacudimos el polvo en los Oasis del Río Draa y volvemos a la ruta para ir en busca de los macacos de berbería en la ciudad de Ifran, conocida como la “suiza marroquí” por su marcado estilo europeo. Situada en el fondo de un antiguo cráter y rodeada de montañas, esta ciudad se presenta como la entrada a otra dimensión.

Después de varios días viajando por espacios imposibles, espacios que tienen la forma del tiempo, llegamos a la ciudad imperial de Fez. Una medina que vive a la sombra de sus minaretes, a la luz de la palabra de Dios y al ritmo de los rezos colectivos en dirección a la Meca. Nos perderemos en sus laberínticas callejuelas para volver a encontrarnos tomando una copa en la terraza de un típico Riad. Y cuando ya parece que conocemos Marruecos, la palabra mítico hace su aparición y se personifica en la ciudad azul de Chefchaouen, encantadoramente escondida bajo las crudas cumbres del Rif. Una aldea de montaña artística que evoca nostalgia, con sus calles empedradas y pasillos de empinadas escaleras mezcladas al azar.

Ya en el Norte del territorio, las playas de Tetuán nos estarán esperando para almorzar frente al mar. Luego de unos intensos días de un viaje alucinante, nos despediremos del continente africano en la ciudad capital del estrecho. Las calles, hoteles y cafés de Tánger pueden presumir de haber visto pasar a grandes genios y artistas. Para todos ellos y para nosotros, un día en la ciudad blanca siempre es el mejor cierre para una travesía por el continente africano.

Esta aventura supuso un antes y un despúes en nuestra manera de concebir los viajes . Las sensaciones y anécdotas que se generan cuando nos adentramos en los lugares más inohóspitos de Marruecos son difíciles de explicar. Los secretos que esconde esta región merecen otra vuelta, esta vez más osada, que al regresar compartiremos en estas páginas.

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