Recorrimos Emilia Romagna y Piedemonte acompañados por el chef Pedro Lambertini en una experiencia eno-gastronómica que reflejó la identidad geográfica de una colectividad llena de fusiones culturales.

Combinamos el placer de viajar y degustar los sabores típicos de una región. Con la compañía del Chef Pedro Lambertini, descubrimos los secretos culinarios de Emilia Romagna y Piedemonte. Un itinerario que incluyó Bologna, Parma, Módena, Zibello, Turín & Le Langhe (Alba, Pollenzo, Grinzane Cavour & El Roero) La Morra, Barolo y las colinas del Barbaresco; en el que experimentados locales nos fueron mostrando los procesos y elaboración de los productos y platos más típicos de la región, mientras recorríamos asombrosos paisajes.

Lo diferente de este viaje fue, sin dudas, realizarlo de la mano de un chef especializado que nos acompañó y guió durante todo el viaje.

Pedro Lambertini es cocinero, egresado del Gato Dumas. Desde muy joven viajó por Europa vinculando la comida y las diferentes culturas y luego recorrió los principales restaurantes y proveedores de comida orgánica en Washington DC y en Nueva York, mientras no dejaba de visitar ciudades de Sudamérica. Su interés se vio plasmado en 2011 con su primer programa de TV en elgoumet.com: Único, natural y orgánico, al que le siguió Frutos de la Sierra, en el que recorría su provincia natal, Córdoba. Actualmente, Pedro ofrece asesoramientos a restaurantes, participa en eventos corporativos, dicta conferencias, y brinda clases de cocina en exposiciones y para alumnos, y también es parte fundamental de estas experiencias eno- gastronómicas que vivimos junto a el.

Empezamos nuestra aventura culinaria en Bologna, conociendo la producción artesanal de la famosa mortadella bolognese. Nuestra primera cena esa noche fue en una trattoria gourmet para degustar los famosos tortellini.

Nuestro segundo día nos llevó a Anzola Dell’Emilia, a unos 15 Km de Bologna. Visitamos el museo del helado artesanal, con sus antiguas máquinas de mantecatura y recetas originales. Allí tuvimos una demostración de la Universidad del Helado. Almorzamos en el restaurant del museo y seguimos viaje unos 30 Km más hasta Pegola Di Malalbergo. Aquí, en el Agriturismo Corte Roeli, aprendimos el arte innato de las mujeres boloñesas para preparar los famosos tortellini de Bologna. Es realmente asombrosa la facilidad y técnica que tienen para hacerlos… ¡a mano!. Esa noche cenamos la producción que hicimos durante nuestra clase.

A 20 Km de Bologna nos esperaba la localidad de Noceto, donde presenciamos las diferentes fases de la producción del parmigiano reggiano, nos contaron sobre su proceso de estacionamiento y degustamos el parmigiano reggiano dop millesimato: una degustación de 3 quesos con distinto tiempo de estacionamiento. Se llama “Millesimato” porque está hecho con leche de vaca de altísima calidad, proveniente de aquellas que hayan parido hasta 100 días antes como máximo. Para crear el Millesimato se utiliza únicamente la mejor calidad de leche.

Un viaje de una hora y media nos llevó a Parma, donde su espléndido centro histórico nos cautivó con el Palazzo Farnese, la Camera della Badessa, el Baptisterio Antelami y el Duomo con su cúpula del Correggio.

Otro de los productos típicos de esta región es el aceto balsámico de Módena. En Magreta di Formigine visitamos la Acetaia Leonardi, donde pudimos ver las distintas fases de elaboración,desde la vendimia y la posterior cocción del mosto hasta la maduración en barriles de roble.

Degustamos acetos de diferentes añadas y maduración y almorzamos en la acetaia con degustación de productos típicos y salumería de Módena. Nuestro paladar celebraba ese festival de sabores típicos. Para seguir disfrutando con todos los sentidos, visitamos el centro histórico de Módena.

A dos horas de Bologna fuimos a Zibello, para conocer la producción (y degustar, ¡siempre degustar!) el famoso Culatello. Nos esperaba nuestro próximo destino: Turín, la capital de Piamonte y primera

capital de Italia, con un centro barroco que nos hacía detener a cada paso para tratar de captar con fotos tanta belleza junta. Allí nos topamos con el mercado de Porta Palazzo, con sus puestos de fruta y verdura de mil colores y la confusión alegre y auténtica de los agricultores ofreciendo su producción a los visitantes y clientes. Visitamos la famosa chocolatería Gobino, donde probamos más de 20 (si, veinte!) diferentes tipos de chocolate y praliné, y el famoso gianduiotto; y conocimos los métodos de producción, maridaje de sabores, porcentajes del chocolate amargo y lugares de procedencia. Visitamos el histórico café Bicerin, en el que probamos la afamada bebida homónima hecha a base de café, chocolate y crema líquida, creado por el famoso estadista Camillo Benso, conde de Cavour. Subimos a la Mole Antonelliana, símbolo de Turín. Una construcción de cemento y acero que es la más alta de Europa, y disfrutamos una vista maravillosa de la ciudad.

De regreso, y cuando pensamos que ya no podemos degustar nada más, un local histórico nos da la posibilidad de crear nuestro propio vermouth: un vino aromático nacido en Turín y conocido por todos. Esa noche, cenamos en el restaurante ubicado en el Palazzo Graneri della Roccia, en el corazón de la ciudad, un menú degustación a base de productos Slow Food. Al otro día, nos esperaba una visita al Salone del Gusto y Terra Madre, con degustaciones, laboratorios y encuentros con chefs y productores locales.

Llegaba el último tramo de nuestra aventura culinaria en Alba, en la zona de las Langas, tierra de colinas famosa por sus vinos, quesos y trufas, en especial la trufa blanca de Alba. En Grinzane Cavour quedamos perplejos al visitar el magnífico castillo que fuera la casa del conde Camillo Benso y que actualmente es la sede de la Enoteca del Piamonte. Cenamos en el restaurante del castillo, 1 estrella Michelin, del Chef Marc Lanteri.

Al otro día, nos trasladamos hacia la zona de las trufas, donde vivimos una experiencia inolvidable: la búsqueda de las trufas negras y blancas de Alba, acompañados de dos hábiles buscadores y de sus adiestrados perros.

Para finalizar, visitamos los encantadores pueblos de La Morra y Barolo, paseamos por sus callecitas típicas y visitamos a una reconocida bodega de producción de vino Barolo, con degustación y cata vertical de vinos. En el Castillo Marchesi Alfieri, tuvimos una clase de cocina típica de pasta langarola (agnolotti del plin, ñoquis de papas y tagliatelle) de la que Pedró participó activamente en la creación de los platos, para dar un cierre de oro a un viaje lleno de paisajes y sabores que nos marcó, en una experiencia que disfrutamos con todos los sentidos.

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