ENTRE ORLEANS Y TOURS, EN EL VALLE DEL LOIRA,
ES POSIBLE ENCONTRAR Y CONOCER MÁS DE DOSCIENTOS CASTILLOS BIEN DISTINTOS.
HASTA ALLÍ FUIMOS, A DESLUMBRARNOS CON ESTAS LEYENDAS MEDIEVALES Y DESCUBRIR QUE EXISTEN LUGARES DONDE EL TIEMPO SE HA DETENIDO.

Partimos de París bien temprano y en poco menos de dos horas estábamos en la zona que sin proponérselo, nos transporta a cuentos de castillos, reyes, caballeros, dragones y princesas.

Fue aquí donde la realeza se instala entre los siglos XV y XVI, construyendo, ampliando o reformando castillos, desplegando un aire de romanticismo, lujo y esplendor que aún hoy sorprende. Y no sólo se trata del río Loira que modela el valle, sino además sobre afluentes como el Indre, Cher, Vienne, Maine. En ésta época los castillos ya no tenían fines tan defensivos (aunque algunos conservan sus murallas). Los llamados Châteaux eran palacios o residencias señoriales en zonas rurales, una combinación de lujo y refinamiento más que fortalezas. Todos ellos suman en pocos kilómetros una concentración de monumentos reconocida como Patrimonio de la Humanidad.

Para visitar la zona es necesario elegir qué Castillos ver de acuerdo a lo que uno espera. En este caso nos inclinamos por los que consideramos imprescindibles (aunque cada uno tendrá su propia lista). Desde Paris el primero de la lista que aparecía era el Château de Sully-sur-Loire.

Construido a finales del siglo XIV al borde del Loira, el castillo es hoy la puerta oriental de entrada al Valle del Loira. Auténtica fortaleza medieval clasificada monumento histórico en 1928, conserva todavía su singular porte gracias a sus largos fosos, todavía con agua, su masivo torreón y sus altas atalayas cónicas.

En su interior se aprecian entre otros, la sala de la sepultura (restos del duque de Sully y su mujer), la escalera de honor cuya ornamentación subraya la voluntad del duque de utilizar este lugar para su gloria personal y la parte más alta que se accede por la escalera de la torre de Angillon. Este maderamen es particular por su amplitud, su forma de bóveda de cañón roto y lo más importante, su estado de conservación (siglo XIV).

Château de Chambord. Imposible no visitarlo.

Luego del medieval Sully sur Loire, y sintiendo algo raro volver al auto recorrimos unos 40 minutos hasta uno de los castillos más deslumbrantes del Loira.
Chambord es el más vasto y prestigioso de los castillos del Renacimiento francés. Desde la coronación de Luis XII en 1498 hasta nuestros días, las tierras de Chambord han sido objeto de todos los deseos y envidias de sus residentes.

Siendo el castillo más grande del valle del Loira, sin dudas podemos afirmar que su magnificencia es más imponente que el propio palacio de Versailles, lo que resulta irónico sabiendo que fue construido como un pabellón de caza para el rey Francisco I. Está situado dentro del parque forestal más grande de Francia, que antiguamente era la sede de la Real Capitanía de la Caza.

En su interior se destacan 8 torres inmensas, 440 habitaciones, 365 chimeneas, y 84 escaleras, una de ellas, la principal, dicen que fue ideada por Leonardo Da Vinci (de gran amistad con el Rey). La famosa escalera de tramos dobles, permite divisar desde uno de los dos tramos a las personas que toman el otro pero sin llegar a cruzarse. Magnífico por donde se lo mire. Un lugar único.

Amboise, el lugar donde Leonardo Da Vinci vivió sus últimos años y descansan sus restos.
En media hora llegamos a Amboise, un pueblo encantador y pintoresco con callecitas para descubrir y lugares donde probar delicias a toda hora. Una grata sorpresa como para querer quedarnos allí a pasar la noche.

En este lugar hay dos castillos: Le Château du Clos-Lucé y Le château Royal d’Amboise, ambos ligados a Leonardo.Al llegar a Clos-Lucé no pareciera un castillo por fuera, ya que no tiene la grandilocuencia de otros, su principal atractivo es porque allí, el genio del renacimiento vivió sus últimos tres años y es allí también donde se pueden apreciar todos sus inventos.

La visita nos muestra la habitación donde Leonardo murió, otras salas que describen la vida en esa época y en el final del recorrido se pueden apreciar la reproducción de maquetas de los inventos y pantallas que muestran en 3D como funcionaban.

Es aquí donde uno entiende porqué Da Vinci fue un adelantado.

TIP: quienes no han visto La Gioconda de cerca, por la multitud de turistas en el Louvre o porque no han tenido la oportunidad, aquí es posible, ya que se encuentra una réplica exacta.
Caminamos tan sólo 400 metros para conocer Le château Royal d’Amboise, una fortaleza construída en lo más alto del pueblo y desde donde se aprecia toda la zona. Su visita es interesante, más allá de que su interior muestra situaciones parecidas a otros castillos, pero bien vale su visita para conocer la Capilla de Saint Hubert, una recinto minúsculo que se encuentra afuera del castillo y donde descansan los restos de Leonardo. Creímos necesario pasar a darle las gracias por su legado.

Chenonceau, el castillo de las mujeres.

Dejamos Amboise y Leonardo con la promesa de volver en otra ocasión, y a tan sólo 11 km llegamos a otra nueva maravilla que data del siglo XVI, Le Château de Chenonceau, que después de Versailles es el castillo más visitado de toda Francia.

Construído sobre el río Cher, su particularidad radica en que literalmente atraviesa el río de orilla a orilla.

Su historia está particularmente ligada a tres mujeres: Diana de Poitiers, Catalina de Medici y Luisa de Lorena.
Cuenta la historia que en 1553, el rey, Enrique II de Francia, a pesar de los deseos de su esposa Catalina de Medici, le entrega el Palacio de Chenonceau y toda la propiedad, a Diana de Poitiers.

Enrique tenía varias amantes, pero una en especial cautivó su corazón: Diana de Poitiers, 25 años mayor que él. Diana transformó a su castillo en uno de los más hermosos del momento, ampliando y decorando los salones, diseñando un exquisito jardín y construyendo el puente que comunica ambos extremos del río Cher. En él se realizaron fastuosas fiestas, con toda la nobleza, exceptuando a Catalina, por supuesto.

Al morir Enrique II en un torneo de celebración, Catalina obliga a Diana a que restituya a la corona el castillo de Chenonceau. A cambio de dicha cesión, entrega a Diana el castillo de Chaumont-sur-Loire, que se encuentra a pocos kilómetros. Catalina decidió borrar la memoria de Diana en el Palacio de Chenonceau, cincelando sus monogramas con los de ella, clausurando su habitación, diseñando un jardín más íntimo, construyendo la parte superior sobre el puente del río Cher y realizando fiestas aun más elaboradas, entre las que destaca por primera vez en Francia, los fuegos artificiales.

Al morir Catalina, el castillo es heredado por Luisa de Lorena, esposa del Rey Enrique III. Al morir éste asesinado, unos meses después de su madre, Luisa vistió luto hasta el día de su muerte. Chenonceau va a sufrir su pena: las habitaciones van a ser clausuradas, las paredes cubiertas con tapices negros y ninguna otra fiesta se va a celebrar allí por doscientos años.

Nos fuimos De Chenonceau, fascinados con la historia del lugar y su arquitectura que lo salvó de ser destruido en varias guerras por ser la única conexión entre orillas en kilómetros. El valle del Loira es una zona declarada Patrimonio mundial de la UNESCO y nos ilustra en un grado excepcional los ideales del Renacimiento.

Hágame caso, agendelo para su próximo viaje a Europa. No se va arrepentir.

http://www.chateausully.fr

http://www.chambord.org

http://www.vinci-closluce.com

http://www.chateau-amboise.com

http://www.chenonceau.com