Conocimos la misteriosa y mágica atmósfera exótica que conforma la obra de Kim Yun-shin, la escultora y pintora que fundó el primer museo de arte contemporáneo coreano en Buenos Aires, en el barrio de Flores.

Kim Yun Shin nació en la localidad portuaria norcoreana de Wonsan, en el golfo de Tongjoson, aunque vive Buenos Aires hace tres décadas. Se graduó en la Universidad Hong-ik de Seúl y se perfeccionó en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes en París. Desde 1964 ella ha realizado más de treinta exposiciones individuales en Argentina, Corea, Estados Unidos y México y desde 1981 participó en más de veinte muestras colectivas internacionales.

Ha pasado mucho tiempo desde que Kim Yun-shin ha establecido una relación con la pintura. Desde que estuv0 estudiando en París durante cinco años desde 1964, empezó a grabar y crear trabajos planos. Es bastante probable que la vida del país extranjero tenga una gran influencia en la formación

de su mundo de trabajo original. El encanto de Kim Yun-shin es una sensación constante que aparece en las pinturas planas debido a su rica sensibilidad y la profunda resonancia del alma. Es contemplativo y suficientemente meditativo, aunque no es un ejemplo de un mundo creativo y espiritual asociado con la Deidad.

La misteriosa y mágica atmósfera exótica de la producción de color se entiende como “lenguaje de moldeado abstracto”, “expansión y condensación, concentración y difusión”, y le da una imaginación única y tensión original al artista. En particular, el toque de pincel, que se caracteriza por la pureza y la simplicidad, está ayudando a la composición formativa. Además, muestra la sala del artista que busca la armonía con la naturaleza. No hay gran dificultad para sentir una nueva “simpatía espiritual” en sus obras, que son una combinación de suma y minuto.

La artista dice que la aspereza y la rigidez pueden ser suaves, flexibles y fuselajes. Además, la artesanía formativa que utiliza Kim Yun-shin no es ni demasiado complicada ni compleja. La primera impresión de su pintura parecía ser un gran panorama narrativo tallado por un “alma celestial”. Los motivos indígenas únicos de Sudamérica o las apariciones tradicionales de la adivinación coreana se cruzan entre sí. El misterioso cruce de las sensibilidades orientales y occidentales crea enormes montañas, vastos campos y remolinos de ríos en el pecho del espectador.

El trabajo de Kim Yun Shin tiene una variedad de técnicas que van desde la escultura, grabados, collages, pinturas al óleo y formas mixtas, pero hay un solo enlace a través de todas las obras. Es “fe hacia lo Absoluto”.

El museo, que lleva su nombre, es una organización sin fines de lucro, que fue creado con el objetivo de conservar, exhibir y difundir su obra, dando a conocer a su vez su filosofía y arte. Proyecta ser un fuerte nexo de intercambio entre Argentina y Corea para reforzar los lazos creados por la artista desde su llegada al país.

Más información: www.museokimyunshin.com